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La violencia contra las mujeres como parte de la desigualdad de género

Hablar de la violencia contra la mujer es tocar un escenario que, si bien se está visibilizado, aún se esconde, es una problemática que no solo involucra la educación que recibimos y el medio cultural en el cual nos desenvolvemos, sino, algo más profundo, la desigualdad de género.

“Si el Estado no logra que la igualdad esté plasmada en el diario vivir, es obvio que esa inequidad sigue existiendo y tiene toda una serie de repercusiones como la violencia contra la mujer”.

Hablar de la violencia contra la mujer es tocar un escenario que, si bien se está

visibilizado, aún se esconde, es una problemática que no solo involucra la educación que recibimos y el medio cultural en el cual nos desenvolvemos, sino, algo más profundo, la desigualdad de género. Desde una posición externa a quien sufre este tipo de violencia, puede resultar fácil decir “no permitas que te agreda”; pero, esa permanencia en el círculo violento por parte de la mujer, va más allá́ del qué dirán, del miedo, la soledad, hay un vínculo emocional que puede ser difícil entender. Cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer; de acuerdo a datos del Instituto Ecuatoriano de Estadística y Censos (INEC)[1], “En Ecuador 6 de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencia de género”; para abordar este tema conversamos con la doctora Lourdes Camacho Zambrano, especialista en Terapia Familiar Sistémica, con más de 30 años de experiencia y activa participación en la defensa de los derechos humanos y la equidad de género.

 

Cómo entender lo que significa la violencia contra la mujer?

 

La violencia contra la mujer tiene muchas aristas, podría decir, que una de las más elementales es la desigualdad que hay entre hombres y mujeres, que obviamente se refleja en varias formas, no solo por el tipo de violencia, sino por cómo se ejecuta, quién la ejecuta y las dinámicas presentes, además de un sistema de creencias. Para comprender la violencia me parece que hay que concebirla como un fenómeno relacional, donde ocurren actos violentos y entre agresión y agresión, generalmente, se suceden periodos de relación afectiva. Y claro, los contextos inciden dentro de los procesos de interacción social, por ejemplo, lo sociocultural, donde se construyen discursos dominantes que incitan a las personas a solucionar los conflictos en forma agresiva o al patriarcado que coloca a la mujer en un lugar de sometimiento y aceptación de la violencia de genero. En general, existe una violencia castigo por parte de los hombres contra las mujeres, por su condición superior en el sentido físico, social, pero esa desigualdad tiene más poder frente a las mujeres al existir mayor vulnerabilidad; la violencia siempre es unidireccional y está en todas partes.

La violencia, como parte de la desigualdad de género, ¿es una responsabilidad social?

 

Absolutamente, no solo es una responsabilidad social, de hombres y mujeres, es particularmente una responsabilidad del Estado. Si hablamos de un Estado de derecho, lo que quiere decir es que el Estado permite que esta violencia suceda, porque hay una desigualdad, a pesar que en derecho se dice que las personas nacemos libres e iguales, pero en la práctica, eso no sucede y ahí está la importancia. Si el Estado no logra que esa igualdad esté plasmada en el diario vivir, es obvio que esa inequidad sigue existiendo y tiene toda una serie de repercusiones como la violencia contra la mujer, las adolescentes, las niñas…

La violencia de género ¿cómo afecta en lo familiar?

 

Es necesario tomar conciencia del problema de la violencia intrafamiliar, porque cuando hablamos de ello se refiere al menos a dos personas, en una relación complementaria, íntima y secreta, donde los hombres suelen ser los agresores. Sin embargo, es frecuente que estén implicados, no por opción, los hijos y las hijas. Yo diría que sobre todo afecta emocionalmente, en la dignidad, y por supuesto, físicamente, a tal punto que las mujeres son torturadas y asesinadas, lo que se llama femicidio. Es un problema mucho más cotidiano y no solo por las estadísticas; pensemos que muchos de esos datos tienen subregistros, porque la gente no solo no denuncia, lo minimiza y lo ha naturalizado de tal manera, que cree que es parte de estar en pareja, de ser mujer y llevar la cruz, de que se puede, o incluso se debe violentar, maltratar, discriminar por la condición de ser niña, mujer, homosexual…

¿Por qué el amor romántico es uno de los problemas frente a la violencia?

 

El amor romántico es una de las propuestas que se hace socialmente, donde se habla de “tener una media naranja”, media naranja de qué me pregunto, si cada persona es un ser per se, individual que no necesita una media de nada, pero esa es una de las cosas que nos venden. La otra es la condición de “tener pareja”, mucho más a las mujeres, justamente por los roles de género, si no se tiene pareja… algo pasa, no eres suficientemente buena, válida, reconocida y si agregas una cosa más,
digamos que tienes pareja que más o menos te va bien, entonces la condición es “tener hijos e hijas” porque sino, no eres mujer, con lo cual, la condición de mujer empieza a ser cuestionada. Se dice también “te querré para toda la vida”, me pregunto ¿qué se quiere para toda la vida?, lo que quiero decir es que parece que los amores no evolucionaran, que son fijos, eternos. Toda relación hay que construirla. La otra cosa del amor romántico “es exclusivo”, no podré amar a nadie más que a ti, lo cual es la falacia más grande, incluso cuando tienes buenas relaciones de pareja o relaciones estables sea un matrimonio o no, somos seres humanos cómo así que no podré amarte más que a ti. “Te querré por encima de todo”, ¿por encima incluso mío? Esa es la propuesta del amor romántico quererte por encima de todo. “Te quiero más que a mi vida”, ¡No gracias! Si algo tenemos que hacer los seres humanos, es primero amarnos a nosotros mismos, antes que todo, inclusive las madres que son madres y los padres que son padres, deben amarse a sí mismos, ante todo, de lo contrario cómo pueden enseñar a esta hija o hijo, qué es ser un individuo, qué es tener dignidad, qué es madurar y ser responsable, lo que es llegar a ser adulto; u obtener y generar su espacio propio.

 

Iniciar un amor romántico ¿cómo puede afectar a una persona?

 

No es malo iniciar por un amor romántico si se tiene claridad de lo que sucede, no es malo enamorarse. Es la fusión con el otro, donde se pierde la individualidad y esa es una de las cosas que ocurre con las mujeres, no porque son las víctimas, sino porque a las mujeres se las enseña a ser sumisas, a que están para servir, para dar, no para exigir, no para el respeto, no para la construcción. Cuando tengo un amor así, no solo pierdo mi individualidad, no soy una persona, porque no puedo respirar o moverme si no es con el otro, donde parece un todo indisoluble, entonces, el momento que empieza la violencia, es obvio que esa persona va a creer que es imposible no solo no salir de eso, sino que lo merece. Una de las características de la violencia en pareja, es que ocurre dentro de una relación afectiva e íntima, donde hay un vínculo y donde será necesario un proceso para ir trabajando aspectos diferentes que van desde la autoprotección hasta la esfera emocional, ese es uno de los aspectos que se trabaja en la terapia.

¿Cuándo empieza la violencia en el amor?

 

Es frecuente que las mujeres interiorizan el amor como la entrega total y con mayor fuerza que los hombres, quienes están más socializados en la idea del amor como posesión, ahí entra el problema, porque la mujer pasa a ser de él, convirtiéndose en objeto, la propiedad y, además, donde la mujer debe dar todo de manera incondicional y ellos solo recibir y retener. Cuando se rompe este esquema, empieza la utilización de la violencia como estrategia de control y sometimiento, porque esa es una de las cosas que desea quien ejerce violencia. En general el agresor, cree que es legítimo y que la mujer se merece la agresión. Entonces la idea romántica del amor y la presión social dirigida a la búsqueda de una pareja, como si el amor fuera todo poderoso, hace que muchas mujeres, de acuerdo a mi experiencia como terapeuta, crean que pueden cambiar a su pareja y esa es una de las razones por la que minimizan los signos, constantes, inicialmente verbales, durante el enamoramiento, y después entran en un círculo de violencia complejo, en constante crisis. El cambio es posible, dado que la violencia es una conducta aprendida y, por lo tanto, todo lo que aprendemos mal, lo podemos desaprender. Si se hace un proceso terapéutico y se desea cambiar, es factible, que hombres y mujeres cambien, pero no hay cambio solo amando incondicionalmente…

 

¿Cómo romper el paradigma de la violencia contra la mujer?

 

Yo diría que un primer paso es romper el silencio y hablar de ella ¡Fundamental! Visibilizar la violencia. La prevención, verdaderos programas multidisciplinarios sobre la violencia en la pareja, en escuelas, colegios, universidades, iglesias, medios de comunicación, etc.; que rompan estereotipos y mitos; que presenten alternativas y que sean de mediano y largo alcance, no una pastilla para calmar el dolor de muela… Condenar a los agresores, que la impunidad y complicidad no sea la generalidad. Y quizás uno de los de mayor incidencia, generar vínculos entre las mujeres a través de redes de apoyo, de autocuidado y autodefensa, para sentirnos respaldadas y en confianza para cuestionar todo aquello que nos han dicho que así debía ser, para reconstruirnos, organizarnos y exigir una transformación social que dignifique nuestras vidas y nuestras relaciones.

 

¿Qué factores influyen en la violencia contra la mujer?

 

En las historias de las personas atendidas sobresalen significados asociados a las pautas de violencia que se repiten de generación en generación y que se asemejan en su configuración. De los datos recopilados en mi consulta y otros terapeutas sistémicos, el 90 % de los casos en el Ecuador, el consumo de bebidas alcohólicas o drogas, es el protagonista y desencadenante de discusiones que después propician la violencia. Además, estudios realizados desde la terapia familiar, establecen que es frecuente la infidelidad de los hombres dentro de la violencia familiar, también de mujeres, pero es mayor en los hombres. Estas son algunos de los motivos, no las causas, de las escaladas de violencia. Otro factor, son los roles asignados a hombres y a mujeres, donde existe un estereotipo de ser varón y ser mujer. La indiferencia, la minimización de lo que ocurre, los discursos incluidos medios, políticos, de la calle y otros, machistas, descalificadores y peyorativos, y un etcétera infinito.

 

¿Por qué se vuelve complejo tratar este tipo de violencia a la mujer?

 

Yo prefiero utilizar la palabra abordar, no creo que la terapia sea un tratamiento, sino un proceso de construcción conjunta permanente, de diálogo, de alternativas, reflexión y aprendizaje. La complejidad se da porque no tiene una única causa, son muchos los factores socioculturales y emocionales que interaccionan. La violencia suele generar una relación en la que tanto agresor como víctima quedan atrapados: el poder, de un lado y la sumisión, de otro. Suele haber una desestructuración de la víctima y así ser controlada y sometida.

Los relatos de violencia suelen ir apareciendo de forma paulatina durante el proceso terapéutico, no siempre aparecen en la primera o segunda cita, en un primer momento es importante no minimizarlos, ni justificarlos nunca, ni esconderlos, pero se debe tener una escucha muy activa, sin juzgar. También es necesario conocer los contextos donde se desarrollan las interacciones, porque suele suceder que las mujeres sufren paralelamente violencia no solo en la pareja, sino en el trabajo, en la calle y todo eso mina la autoestima y además pueden llegar a creer que se lo merecen.

 

¿Cómo se apoya terapéuticamente a la mujer que sufre o ha sufrido violencia?

 

Lo primero es creyéndola, particularmente en la violencia sexual, ya sea por abuso sexual por parte de un familiar, por violación, dentro o fuera de su pareja o prostitución forzada. Una de las características de la violencia en pareja, es que ocurre dentro de una relación afectiva e íntima, donde hay un vinculo y donde será necesario un proceso para ir trabajando aspectos diferentes que van desde la autoprotección hasta la esfera emocional, ese es uno de los aspectos que se trabaja. El proceso terapéutico es dinámico, donde lo ideal es que las personas se comprometan y vean que realmente no solo pueden mejorar o cambiar, sino, librarse de estos cánones socioculturales, como no separarse de sus parejas por los hijos. Cuando es todo lo contrario, lo que los hijos e hijas viven es un verdadero tormento y puede causar muchas secuelas emocionales. La idea en terapia es mostrar a las mujeres, que tienen derecho a ser felices, a tener otra vida distinta, a escoger lo que quieren, a optar por las cosas, pero eso no es fácil, si has vivido 20 o 30 años en violencia, tienes que estar atenta a los ritmos de las personas y a cada caso particular. Si tengo una mujer que cree no merecer nada, que se siente culpable, no es cuestión de decirle, no usted no es culpable, es hacer el proceso, propiciar la reflexión, que vea sus potencialidades, que se empodere. La terapia procura expandir alternativas, contenidos y descubrir cosas, herramientas o visiones que propicien el cambio y le dignifiquen.

¿Qué le gustaría compartir con las mujeres y los hombres en este espacio?

 

A las mujeres, soy una convencida de que todas las personas podemos cambiar y que la idea del cambio es para mejorar la calidad de vida, nuestro ser y tener un crecimiento personal que nos de más satisfacciones; es decir, que de verdad podemos ser felices y no solo que tenemos el derecho de serlo. A los varones, les invitaría a que reflexionen todo lo que se están perdiendo frente a una actitud tan estereotipada y tan patriarcal, más allá del poder que puedan sustentar no oculten su sensibilidad y sus afectos; sean solidarios y responsables con lo que dicen y hacen, parecería que todo es importante menos los vínculos emocionales, cuando es lo esencial de la vida.

 

 

[1] Encuesta Nacional de Relaciones Familiares y Violencia de Género contra las Mujeres, 2012.